Sucede en un deporte, en el arte, en un hogar o en cualquier actividad que realicemos: cuanta más libertad y confianza tiene una persona, más probabilidad existe de que pueda hacer una diferencia. Por ejemplo, un futbolista que tiene indicaciones muy precisas y que es penalizado por su director técnico cada vez que intenta algo nuevo, difícilmente logre hacer una jugada inolvidable.
Esto mismo aplica a las empresas en la era de la IA generativa. Cuanto menor sea el margen de maniobra que tengan los líderes y los colaboradores, más difícil será que logre capturar todo el valor que esta tecnología tiene para ofrecer.
Puntualmente, encontramos dos modelos de culturas organizacionales. Por un lado, tenemos el que consiste en tomar riesgos y que considera el error como parte del proceso de innovación y de aprendizaje. Por el otro, el más tradicionalista, cauto, protector y con estructuras más de tipo jerárquicas.
Ambas tienen algo en común: deberán adaptarse sí o sí a esta nueva realidad. Estamos ante la transformación que generará el mayor impacto en los negocios de la historia.
Sin embargo, las empresas que transitan por el primer modelo tienen ventaja y seguramente lograrán resultados positivos con el uso de IA generativa mucho más rápido que las otras.
Esto se debe a una sumatoria de factores. Por lo pronto, suelen tener más desarrollado el sentido de la colaboración y promover y estimular valores como la curiosidad, la experimentación, la prueba y el error. Por todo esto, se adaptan más rápido a los cambios y son más resilientes en las circunstancias adversas.
Precisamente, las condiciones ideales para navegar con éxito un panorama tan cambiante como el que proponen la IA generativa y sus inminentes evoluciones, como los agentes inteligentes (Agentic AI) que seguramente se consolidarán como una prioridad en la agenda de los líderes organizacionales en 2025 y la cada vez más cercana IA general.
En los próximos años, en línea con todo lo que está sucediendo y para potenciar las organizaciones con una cultura basada en la innovación y la experimentación, veremos una renovación del liderazgo, con predominancia de líderes con mentes tecnológicas nativas.
Por lo tanto, el desafío de la IA generativa no necesariamente implica una reconfiguración desde cero de la cultura organizacional, aunque sí es una señal de alarma para las empresas temerosas de probar y fallar. Ante una disrupción tan significativa, intentar avanzar sin correr ningún riesgo es, paradójicamente, el riesgo mayor.